Intrusos En El Castillo Link
—He maldecido a todos los que se acercaban. He puesto trampas y he gritado desde las ventanas. Pero esta noche... esta noche los intrusos han traído algo que creía perdido: esperanza.
El conde levantó la mano temblorosa.
—¿Estás segura de que es aquí? —susurró Leo, con una linterna temblorosa en la mano. Intrusos en el castillo
Los niños lo miraron en silencio.
El conde Humberto ya no vivía solo. Ayudaba a organizar los libros de cuentas, y cada noche, antes de dormir, miraba la colina y sonreía. Al fin, los intrusos se habían quedado. Y el castillo, por primera vez en décadas, ya no era una prisión, sino un hogar. —He maldecido a todos los que se acercaban
El conde envejeció diez años ante sus ojos. Dejó caer el bastón y se sentó en un escalón de mármol roto. esta noche los intrusos han traído algo que
—El Corazón de Ébano no es una joya —dijo—. Es el nombre que le di a un frasco de cenizas. Las de mi esposa, Elara. Murió porque el hospital de Vallefrío estaba cerrado cuando ella enfermó, y no llegó a tiempo al otro pueblo. Mandé hacer ese cofre para guardar su recuerdo, y juré que nunca más nadie sufriría por falta de un médico. Pero el odio me volvió ermitaño, y el hospital siguió cerrado.
